De pan y niños sanos

El pan, primer alimento elaborado por el ser humano, ha evolucionado paralelamente con la sociedad, por lo que forma parte no sólo de nuestra alimentación, si no también de nuestra cultura, religión y tradición. Y es muy importante que así sea, porque el pan es justamente el complemento perfecto para una buena alimentación.

Además de agradable al paladar y susceptible de mil formas, acompañamientos y combinaciones perfectas con otros alimentos, es muy equilibrado. Aporta una alta proporción de energía en forma de azúcares, así como una buena proporción de proteínas cuando se combina con carne, pescado, huevos o quesos, la cual cosa mejora mucho su valor biológico. A parte, contiene una baja proporción de grasas insaturadas.

Todo ello convierte al pan en un alimento indispensable en la dieta mediterránea y ha de ser un objetivo prioritario recuperarlo, principalmente entre la población infantil. 

La mejor forma de conseguirlo es recuperando el típico y gustosos bocadillo en el desayuno y merienda de los más pequeños, que les aportará energía en forma de hidratos de carbono complejos. Podemos añadirle tomate, una verdura cruda rica en vitaminas y antioxidantes. Aliñaremos con aceite de oliva, una grasa monoinsaturada necesaria para el desarrollo del cerebro. Y por supuesto le daremos el toque de gracia con un embutido, jamón o queso, suplemento de proteína que aumentará su valor nutritivo.

Queríamos remarcarlo teniendo en cuenta que los últimos estudios científicos sobre la dieta española demuestran que se impone una clara tendencia a disminuir el consumo de hidratos de carbono y que, en cambio, se aumenta la ingesta de grasas y proteínas, desequilibrando las proporciones aconsejadas y favoreciendo el sobrepeso y la obesidad en nuestra sociedad.

 

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